Homilía Domingo XXVI del T.O/C

Domingo XXVI del T.O/C

Maldita riqueza y bendita pobreza

Maldita riqueza y bendita pobreza

     Maldita riqueza y bendita pobreza

A lo largo de la liturgia de este domingo se pone de manifiesto cómo el excesivo afán de confort, de bienes materiales, de comodi­dad y lujo lleva en la práctica al olvido de Dios y de los demás, y a la ruina espiritual y moral. El Evangelio nos describe a un hombre que no supo sacar provecho de sus bienes. En vez de ganarse con ellos el Cielo, lo perdió para siempre. Se trata de un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino finísimo, y tenía cada día esplén­didos banquetes. Mientras que muy cerca de él, a su puerta, estaba echado un mendigo, Lázaro, cubierto de llagas, deseando saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros le lamían sus llagas.

En la parábola del rico epulón y el pobre Lázaro (cf. Lc 16, 19-31), Jesús ha presentado como advertencia la imagen de un alma arruinada por la arrogancia y la opulencia, que ha cavado ella misma un foso infranqueable entre sí y el pobre: el foso de su cerrazón en los placeres materiales, el foso del olvido del otro y de la incapacidad de amar, que se transforma ahora en una sed ardiente y ya irremediable.

 Este hombre rico vive a sus anchas en la abundancia; no está contra Dios ni tampoco oprime al pobre. Únicamente está ciego para ver a quien le necesita. Vive para sí, lo mejor posible. ¿Su pecado? No vio a Lázaro, a quien hubiera podido hacer feliz con menos egoís­mo y menos afán de cuidarse de lo suyo. No utilizó los bienes con­forme al querer de Dios. No supo compartir. “La pobreza -comen­ta San Agustín- no condujo a Lázaro al Cielo, sino su humildad, y las riquezas no impidieron al rico entrar en el eterno descanso, sino su egoísmo y su infidelidad”.

El egoísmo, que muchas veces se concreta en el afán desmedi­do de poseer cada vez más bienes materiales, deja ciegos a los hom­bres para las necesidades ajenas y lleva a tratar a las personas como cosas; como cosas sin valor. Pensemos hoy que todos tenemos a nuestro alrededor gente necesitada, como Lázaro. Y no olvidemos que los bienes que hemos recibido para administrarlos bien, con ge­nerosidad, son también afecto, amistad, comprensión, cordialidad, palabras de aliento…

Jesús le da un nombre al pobre, mas no al rico. Al revés de lo que pasa en este mundo: los ricos tienen nombre y renombre; los pobres no tienen nombre ni voz. Lázaro, al morir, encuentra amigos y felicidad eterna. ¡Cuántos ricos de hoy y de siempre ignoran a Lázaro e ignoran lo que les espera después de la muerte: el fracaso total de su vida. No se llevarán ni un centavo.

El Papa francisco ha dicho que Las riquezas y los afanes del mundo “ahogan la Palabra de Dios” en el corazón del hombre y no la dejan crecer. Y la Palabra muere, porque no es conservada: es ahogada. En este caso, o se sirve a la riqueza o se sirve a las preocupaciones, pero no se sirve a la Palabra de Dios. ¿Qué hace en nosotros, qué hacen las riquezas y que cosa hacen las preocupaciones? Simplemente te quitan el tiempo”.

La parábola del rico y Lázaro debe estar siempre presente en nuestra memoria; debe formarnos la conciencia. Cristo pide apertura hacia los hermanos y hermanas necesitados; apertura de parte del rico, del opulento, del que está sobrado económicamente; apertura hacia el pobre, el subdesarrollado, el desvalido. Cristo pide una apertura que es más que atención benigna, o muestras de atención o medio-esfuerzos, que dejan al pobre tan desvalido como antes o incluso más.

El problema, explica el papa Francisco, está en confundir las riquezas. Hay “tesoros riesgosos” que seducen “pero que debemos abandonar”, aquellos acumulados durante la vida y que la muerte destruye. Hay un tesoro que “podemos llevar con nosotros”, un tesoro que nadie nos puede robar, que no es “lo que has estado guardando para ti”, sino “Aquel tesoro que hemos dado a los demás, eso es lo que llevamos. Y eso va a ser nuestro mérito, entre comillas, ¡nuestro ‘mérito’ es de Jesucristo en nosotros! Y eso es lo que tenemos que llevar. Y es aquello que el Señor nos deja llevar. El amor, la caridad, el servicio, la paciencia, la bondad, la ternura son hermosos tesoros: son los que llevamos. Los otros no”.

El rico epulón, que idolatró sus riquezas poniéndolas en lugar de Dios y del prójimo, terminó en la máxima pobreza y ruina. Escarmentemos en cabeza ajena para no perdernos: el recto uso de los bienes materiales, los bienes verdaderamente importantes son los espirituales, y la Verdad sobre la Vida Eterna, que es ésta: después de la muerte no volvemos a esta vida terrena, sino que hay para nosotros salvación eterna o  condenación eterna.

 

Homilía Domingo XXV TO/C

Domingo XXV TO/C

Contra los que obligan a los pobres venderse

Contra los que obligan a los pobres venderse

          Contra los que obligan a los pobres venderse

Hoy nos vamos a centrar en la primera lectura, que habla contra los que obligan a los pobres venderse. El tema es el de ‘La corrupción’ (Am. 6, 4-7), que puede servir para describir la situación de corrupción en que se encuentra el mundo.  El Profeta acusa y reprocha fuertemente a los que cometen fraude, a los vendedores sin escrúpulos que se enriquecen a expensas de los pobres y que suben los precios aprovechando la necesidad ajena…  Y amenaza el Profeta a los que así se comportan con el castigo de Dios, diciendo que el Señor no olvidará jamás ninguna de estas acciones. Es decir:  las malas acciones, los actos que van contra la Ley de Dios -y que además hacen daño al prójimo- tienen el castigo de Dios … o pueden tener el perdón de Dios, si el pecador se arrepiente y no peca más.

Como vemos, el fenómeno de la corrupción siempre ha existido, sin embargo es sólo desde hace pocos años que se ha tomado conciencia de él a nivel internacional. La corrupción es un fenómeno que no conoce límites políticos ni geográficos. Está presente en los países ricos y en los países pobres. La entidad de la economía de la corrupción es difícil de establecer en manera precisa y, en efecto, sobre este punto los datos con frecuencia no coinciden. De cualquier forma se trata de enormes recursos que se sustraen a la economía, a la producción y a las políticas sociales. Los costos recaen sobre los ciudadanos, y los pobres son cada vez más pobres y los ricos más ricos, ya que la corrupción se paga desviando los fondos de su legítima utilización.

El Papa Francisco ha afirmado que “Esto se vuelve todavía más irritante si los excluidos ven crecer ese cáncer social que es la corrupción profundamente arraigada en muchos países –en sus gobiernos, empresarios e instituciones– cualquiera que sea la ideología política de los gobernantes”.

Los Obispos latinoamericanos en Aparecida dijeron: “Un gran factor negativo en buena parte de la región es el recrudecimiento de la corrupción en la sociedad y en el Estado, que involucra a los Poderes Legislativos y Ejecutivos en todos sus niveles, y alcanza también al sistema judicial que a menudo inclina su juicio a favor de los poderosos y genera impunidad, lo que pone en serio riesgo la credibilidad de las instituciones públicas y aumenta la desconfianza del pueblo, fenómeno que se une a un profundo desprecio de la legalidad. En amplios sectores de la población y particularmente entre los jóvenes crece el desencanto por la política y particularmente por la democracia, pues las promesas de una vida mejor y más justa no se cumplieron o se cumplieron sólo a medias”. Todo esto que afirmaban de nuestro Continente, es dolorosamente real en nuestro país.

Jesús hace en la parábola del Evangelio una durísima crítica al dinero que es llamado “injusto” y la propuesta de Jesús es “con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo”. Ciertamente no alaba al administrador por sus trampas, sino por el ingenio y la astucia para hacerse amigos. Nosotros ahora también tendríamos que cuestionarnos seriamente sobre nuestro empeño en crear y favorecer la construcción del Reino de Dios, frente al ingenio y la astucia de quienes entregan su vida a la construcción del reino del dinero. Cristo hace una clara oposición entre estos dos reinos. Nosotros con frecuencia nos vemos tentados a unirlos y hasta confundirlos. Debemos tener una clara distinción, no sólo teórica, sino sobre todo en la práctica. No podemos servir a Dios y al dinero.

El profeta Amós, en la primera lectura, nos dice: “Escuchen esto los que buscan al pobre sólo para arruinarlo… los que disminuyen las medidas y aumentan los precios, alteran las balanzas, obligan a los pobres a venderse; por un par de sandalias los compran y hasta venden el salvado como trigo… Yo no olvidaré jamás ninguna de estas acciones”.

Quizás nosotros no tengamos grandes sumas de dinero, pero debemos examinarnos bien en nuestros pequeños o grandes fraudes, en la corrupción que generamos o toleramos, cayendo de una o de otra forma en este vergonzoso fenómeno.

Este reproche del Señor nos llama a la vigilancia y al esfuerzo en lo espiritual… ya que ninguno puede escapar del momento en que el Señor -igual que al administrador de la parábola-, nos pedirá cuentas del único negocio realmente importante: nuestra salvación, nuestro fiel cumplimiento a la Voluntad de Dios.

 

Cientos de miles se manifiestan en México a favor de la familia

 

Cientos de miles se manifiestan

en México a favor de la familia

12 September, 2016

   
   
Marcha en Jalisco, México, a favor de la familia

(ZENIT – Roma).- Cientos de miles de personas manifestaron este sábado en diversas ciudades de México a favor de la familia y contra la iniciativa de legalizar las uniones homosexuales.

El presidente mexicano Peña Nieto anunció una reforma constitucional destinada a legalizar el ‘matrimonio gay’ en todo el país, un año después de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró inconstitucional su prohibición.

Marcha pro familia en Zacatecas (Frame en Facebook frente nacional por la familia)

Marcha pro familia en Zacatecas (Frame en Facebook frente nacional por la familia)

Las multitudinarias manifestaciones en varias ciudades de los 31 estados, anticipan la Gran Marcha Nacional que se realizará el 24 de septiembre en la Ciudad de México. De acuerdo con reportes preliminares del Frente Nacional por la Familia, en 75 ciudades se han contabilizado la participación de 1 millón 20 mil personas.

“Lo importante es que los laicos se manifiesten públicamente y digan a los legisladores lo que piensan sobre el matrimonio y la educación” indicó Mons. Arizmendi de la diócesis de San Cristobal de las Casas. Y añadió en la web de los obispos: “Esto es democracia real. Mal harían los legisladores y las autoridades en no escuchar el clamor de un pueblo que los eligió para que lo representaran. Si no lo toman en cuenta, se deslegitiman a sí mismos y pierden más credibilidad”.

La manifestación organizada por personas de distintas confesiones y convicciones, entre las cuales evangélicos y mormones, contó con la presencia de algunos obispos.  Los organizadores dejaron muy claro que su manifestación “no busca ofender a nadie”, porque “respetamos la dignidad de toda persona, independientemente de su forma de vivir y convivir, porque sabemos que ante todo somos seres humanos y hay un lazo fundamental que nos hermana”.

En el posicionamiento oficial que se leyó en todas las marchas por la familia se indicó que “La familia es la célula básica de la sociedad y por lo tanto hay que protegerla. El matrimonio entre un hombre y una mujer tiene una naturaleza específica con fines muy claros, como lo son la transmisión de la vida, la educación de los hijos, la unidad de los esposos”.

Añade la declaración que “los padres de familia tienen derecho a educar a los hijos en las convicciones y principios que consideren mejores para su desarrollo personal, y no que el Estado los sustituya en dicha tarea”.

También “rechazan las iniciativas del Ejecutivo Federal, que la atacan e intentan imponer la ideología de género”. Añade que “la superación de los problemas de México y su desarrollo dependen de que se fortalezca a la familia”, e invita “a promover la marcha nacional del próximo 24 de septiembre en la Ciudad de México, que partirá a las 12 del día del Auditorio Nacional rumbo al Ángel de la Independencia”.

 

NOS IMPORTAN MUCHO LA FAMILIA Y LA PROTECCIÓN DE LOS NIÑOS

 

NOS IMPORTAN MUCHO LA FAMILIA Y LA PROTECCIÓN DE LOS NIÑOS

Por Pbro. Dr. Félix Castro Morales

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Enrique Peña Nieto firmó la iniciativa para reconocer en la Constitución el matrimonio entre personas del mismo sexo. Firmó iniciativas para modificar la Constitución y el Código Civil nacional para que se reconozcan los matrimonios igualitarios. Esta medida servirá para consolidar el criterio emitido el pasado año por la Suprema Corte de Justicia, que consideró inconstitucionales las leyes estatales que prohíban el matrimonio homosexual, en una tesis de aplicación obligatoria. (La Suprema Corte emitió un fallo en 2015, en el que dijo que era inconstitucional en los estados mexicanos prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo) Con esta modificación del artículo 4 constitucional, se reconocerá como un derecho humano que las personas puedan contraer matrimonio sin discriminación alguna: los matrimonios se realizarían sin discriminación por motivos de origen étnico, discapacidad, condición social, salud, religión, género o preferencias sexuales”.

El presidente desea de convertir a México en un ‘actor global’ en la lucha por los derechos del colectivo LGBT (Grupo Núcleo sobre las Personas Homosexuales, Lesbianas, Bisexuales, Transgénero o Intersexuales), y dijo que la nación formará parte de un grupo de análisis sobre esta temática en las Naciones Unidas. Y quiere que en México todos, ‘sin importar la condición sexual, étnica o preferencia sexual, tengan la oportunidad de realizarse plenamente y la oportunidad de ser feliz’.

Ante esta iniciativa, sabemos, surge el Frente Nacional de la Familia, formado por más de mil instituciones de la sociedad civil organizada, trabajando a favor de la Familia en todo el país. Así, el pasado miércoles 25 de mayo, más de mil instituciones de la sociedad civil organizada, trabajan a favor de la Familia en todo el país, que tiene como objetivo dar respuesta a la iniciativa del presidente Enrique Peña Nieto de modificar la Constitución y el Código Civil para reconocer las uniones entre personas del mismo sexo.

Esta Institución, en pro de la familia, ha hecho un enérgico y categórico llamado al presidente Peña Nieto para que no se apruebe la primera Reforma Constitucional Ciudadana en la historia de México, que propone reformar el artículo 4º de la Constitución. Esta iniciativa que presentó al Senado de la República el pasado 23 de febrero, tiene el respaldo de más de 240 mil firmas que exigen el respeto del matrimonio entre hombres y mujeres, el respeto de la familia y que se garantice el derecho de los padres a educar a sus hijos. Vemos que la iniciativa presentada por el presidente de la República, hizo caso omiso a esta petición a escuchar a cientos de miles de familias.

Lo que hizo el presidente Peña Nieto es un intento de golpe letal a las familias mexicanas, es muestra de un autoritarismo desmedido. Esta iniciativa contiene una fuerte carga ideológica que pretenden imponer a los niños y jóvenes y se aleja de la defensa de los derechos humanos, especialmente el de los padres a ser los primeros y principales educadores de sus hijos.

“La protección de la familia natural no debe ofender a nadie, por el contrario toda política pública debe tener como eje transversal su desarrollo y debe propiciar la formación integral de sus miembros, por eso estaremos pendientes y vigilantes del nuevo Modelo Educativo Nacional para que esté alejado de ideologías que quieren implantar algunos grupos de presión que pretenden imponer su agenda y tratan de callar las voces de quienes pensamos diferente”, afirman.

No respetar la institución del matrimonio conformado por un hombre y una mujer es sinónimo de miopía severa y no querer el progreso real de nuestra sociedad.

El Frente Nacional por la Familia no busca discriminar a nadie, respetamos las preferencias de cada persona y de igual manera exigimos el respeto de la figura del matrimonio conformada por un hombre y una mujer, que según estudios del Dr. Fernando Pliego del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, es la que da mayores y mejores beneficios a nuestra sociedad.

Ante el escenario que atenta contra la familia y la sociedad, en todo el país se suman esfuerzos para realizar acciones contundentes y generar un altísimo costo político al PRI.

Asimismo anuncian las primeras acciones inmediatas:

  1. Exigir al PRI que se defina pública y abiertamente: o están con los millones de familias que reprueban esta iniciativa, o le darán la espalda a la sociedad y traicionarán a la inmensa mayoría de mexicanos.
  2. Convocar y motivar ampliamente a los ciudadanos, a través de nuestras coaliciones locales, a no votar por los candidatos que atenten contra la familia.
  3. Informar al PRI sobre las miles de firmas que sustentan la iniciativa presentada ante el Senado por ConFamilia y de las miles de firmas de la exigencia en la plataforma digital de Citizen Go.
  4. Entregamos una carta al PRI nacional y a cada estado donde se exige el freno a la iniciativa de Peña Nieto.
  5. Convocar a los mexicanos a que bajo los hashtag: #DefendemosLaFamilia y #YoDecidoXLaFamilia, se realice una enérgica protesta digital permanente con millones de familias a nivel nacional, con copia a @PRI_Nacional y de @EPN.

La familia no puede ser aniquilada por pactos o estrategias políticas que solo buscan intereses personales y de poder. La sociedad no permitirá que las familias sean víctimas de malos políticos, de políticos que responden a presiones internacionales y grupos minoritarios que quieren imponer una agenda radical.

A la familia no se le debe utilizar como moneda de cambio para pactos electorales ni para quedar bien con organismos internacionales.

Y qué decir de la marcha del 10 de septiembre en la que se manifestó el repudio a la iniciativa de legalizar el matrimonio igualitario:

Primero que fue todo un éxito: cerca de medio millón de personas salieron a la marcha en toda la república

Segundo, que los medios dieron poco realce al acontecimiento, más bien lo juzgan y lo critican, y enfrentan al Frente Nacional por la Familia con el colectivo LGBT, apoyando y dando la razón a este grupo minoritario, mostrándose sus defensores, poniéndolos como modelos a seguir… “No faltan quienes, cuando defendemos valores familiares acordes con nuestra fe, nos tachan de homofóbicos y de inmediato sacan a relucir casos de pedofilia clerical. Los ha habido, no se puede negar; pero ninguna otra institución como la Iglesia nos hemos preocupado por dar atención adecuada a estos casos. Todo sea por la familia, por el derecho de los niños a una infancia feliz y armónica, psicológica y socialmente” (Mons. Felpe Arizmendi).

Tercero, parece ser que solo los LGBT tienen carta de ciudadanía, sólo ellos tienen derechos, se sienten víctimas, cuando en realidad nadie expresó consignas sobre este grupo, sólo se expresó a favor de la familia… Al Frente y a los marchistas no le conceden los medios el derecho de expresión. Eso que el LGBT que dicen que les hacen y les quitan, eso mismo, desde siempre, lo hacen contra la mayoría.

Cuarto, lo de menos sería las uniones de género, pues cada quien puede hacer con su vida lo que quiera, que al final Dios juzgará a cada quien por sus obras (lo acepten o no, lo quieran o no), aquí lo que está en juego es que quieran imponerle a todo el país la ideología de género, la enseñanza en las escuelas de la denominada ideología de género, la pérdida de la patria potestad, el que el Estado quite a los padres la posibilidad de educar a los hijos, que el Estado se haga cargo de la educación sexual de los menores de edad, y la posibilidad de multar o encarcelar a los padres que se opongan a estas medidas. Claro que el Estado niego todo esto, pero lo que se ve en otros países, que ya les han aplicado estas reformas, es una realidad, en el mismito EEUU y en otros países europeos. Así como a los pastores, que prediquen la doctrina revelada en las Escrituras.

Quinto, de este contexto podemos sacar dos conclusiones: 1) Que la “intolerancia gay” no sólo arremete contra las religiones, sino contra todo aquel que no piense como ellos. La religión no es enemiga de los gais, sino que son algunos de ellos los que se declaran enemigos de todos los que no sostienen su visión del mundo. 2) Que sí es posible un diálogo sincero entre la religión y las personas homosexuales, porque no pocos de ellos también comparten valores universales como la familia y la procreación. Ojalá este episodio saque del closet del silencio a las personas homosexuales que desean desmarcarse de la intolerancia gay.

ILUMINACIÓN DE LA REALIDAD (DOCTRINA DE LA IGLESIA)

Sobre toda esta realidad histórica en nuestro país y en el mundo qué enseña la Iglesia:

Sobre la ideología de “género”, dice el Papa Francisco en su Exhortación La alegría del amor: “Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo. Es inquietante que algunas ideologías de este tipo, que pretenden responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles, procuren imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños. No hay que ignorar que el sexo biológico (sex) y el papel sociocultural del sexo (gender), se pueden distinguir pero no separar. Por otra parte, la revolución biotecnológica en el campo de la procreación humana ha introducido la posibilidad de manipular el acto generativo, convirtiéndolo en independiente de la relación sexual entre hombre y mujer. De este modo, la vida humana, así como la paternidad y la maternidad, se han convertido en realidades componibles y descomponibles, sujetas principalmente a los deseos de los individuos o de las parejas. Una cosa es comprender la fragilidad humana o la complejidad de la vida, y otra cosa es aceptar ideologías que pretenden partir en dos los aspectos inseparables de la realidad” (No. 56)” (Cit. Por Mons. Felipe Arizmendi).

También podemos hacer referencia episcopal española sobre el documento “La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar” donde afirma que “…los caminos que han llevado a la difusión de esta manera de pensar como, por ejemplo, la manipulación del lenguaje, enmascarando algunas de las verdades básicas de las relaciones humanas. Así ha sucedido con el término “matrimonio”, cuya significación ha sido desfigurada hasta incluir bajo esa denominación algunas formas de unión que nada tienen que ver con la realidad matrimonial. Y se denuncian las estrategias de difusión de la mencionada ideología en el ámbito legislativo y, sobre todo, en el educativo con el objetivo de educar en sus postulados, ya desde la infancia, a las jóvenes generaciones y de evitar cualquier formación auténticamente moral sobre la sexualidad humana. O como ha afirmado Mons. Rodrigo Aguilar en junio de 2013: “Vivimos una crisis antropológica (antropocentrismo): “se desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios” (DA, 44). Hay una nueva concepción de la persona y de la vida humana, del matrimonio y la familia, en que con frecuencia se maneja lenguaje equívoco y eufemístico y una pretendida autoconstrucción del hombre al margen de Dios, del otro y de la misma naturaleza, como en el caso de la pretensión de considerar normal la atracción por el mismo sexo en base a un constructivismo social”.

Mons. Felipe Arizmendi, el 9 de septiembre/16, en este contexto cita al Papa Francisco: “Los cristianos no podemos renunciar a proponer el matrimonio con el fin de no contradecir la sensibilidad actual, para estar a la moda, o por sentimientos de inferioridad frente al descalabro moral y humano. Estaríamos privando al mundo de los valores que podemos y debemos aportar. Es verdad que no tiene sentido quedarnos en una denuncia retórica de los males actuales, como si con eso pudiéramos cambiar algo. Tampoco sirve pretender imponer normas por la fuerza de la autoridad. Nos cabe un esfuerzo más responsable y generoso, que consiste en presentar las razones y las motivaciones para optar por el matrimonio y la familia, de manera que las personas estén mejor dispuestas a responder a la gracia que Dios les ofrece” (No. 35).

“Los dos grandiosos primeros capítulos del Génesis nos ofrecen la representación de la pareja humana en su realidad fundamental. En ese texto inicial de la Biblia brillan algunas afirmaciones decisivas. La primera, citada sintéticamente por Jesús, declara: «Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó». Sorprendentemente, la imagen de Dios tiene como paralelo explicativo precisamente a la pareja hombre y mujer. La fecundidad de la pareja humana es imagen viva y eficaz, signo visible del acto creador” (No. 10). “La pareja que ama y genera la vida es la verdadera escultura viviente, capaz de manifestar al Dios creador y salvador. Por eso el amor fecundo llega a ser el símbolo de las realidades íntimas de Dios” (No. 11).

Finalmente cito a la Congregación para la Doctrina de la Fe: Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales, en el no.  7, que enseña: En las uniones homosexuales están completamente ausentes los elementos biológicos y antropológicos del matrimonio y de la familia que podrían fundar razonablemente el reconocimiento legal de tales uniones. Éstas no están en condiciones de asegurar adecuadamente la procreación y la supervivencia de la especie humana. El recurrir eventualmente a los medios puestos a disposición por los recientes descubrimientos en el campo de la fecundación artificial, además de implicar graves faltas de respeto a la dignidad humana, no cambiaría en absoluto su carácter inadecuado.

En las uniones homosexuales está además completamente ausente la dimensión conyugal, que representa la forma humana y ordenada de las relaciones sexuales. Éstas, en efecto, son humanas cuando y en cuanto expresan y promueven la ayuda mutua de los sexos en el matrimonio y quedan abiertas a la transmisión de la vida.

Como demuestra la experiencia, la ausencia de la bipolaridad sexual crea obstáculos al desarrollo normal de los niños eventualmente integrados en estas uniones. A éstos les falta la experiencia de la maternidad o de la paternidad. La integración de niños en las uniones homosexuales a través de la adopción significa someterlos de hecho a violencias de distintos órdenes, aprovechándose de la débil condición de los pequeños, para introducirlos en ambientes que no favorecen su pleno desarrollo humano. Ciertamente tal práctica sería gravemente inmoral y se pondría en abierta contradicción con el principio, reconocido también por la Convención Internacional de la ONU sobre los Derechos del Niño, según el cual el interés superior que en todo caso hay que proteger es el del infante, la parte más débil e indefensa.

Concluyo citando a Mons. Felipe Arizmendi: “La Iglesia no es enemiga de la libertad, porque Dios no lo es. Si dos personas del mismo sexo quieren cohabitar, no hace falta cambiar las leyes para que se les considere un matrimonio igual que los otros. El plan de Dios para el bien de la humanidad no incluye las uniones conyugales de homosexuales, sino que las rechaza; sin embargo, Dios respeta la libertad de quienes así quieran vivir, pues Él no nos hizo esclavos de su plan, de su voluntad. Dios nos hizo libres hasta para pecar, para equivocarnos, para considerar un bien lo que objetivamente es un desorden. Respeta la libertad de Caín, de los asesinos, de los narcotraficantes, pero les advierte que ése no es el camino de la felicidad; tarde o temprano cosecharán los frutos del desacato a sus indicaciones. Los libertinajes siempre han existido, nunca para bien. La mayoría de los delincuentes proceden de hogares no bien establecidos, por ausencia de un padre trabajador y honesto, o por falta de armonía familiar. La familia bien formada, donde hay amor, respeto y ayuda mutua, es la mejor protectora de la paz social. Destruir la familia es dañar a la sociedad.

QUÉ HACER

A los pastores y fieles de la Iglesia, a las instituciones en pro de la familia, y a la sociedad entera nos urge no dejar de organizarnos e involucrarnos de una manera más participativa, para tomar conciencia en la estructuración y promoción de  programas en pro de la defensa y exaltación de los  valores de la institución familiar.

Todos los fieles católicos, lejos de enfrascarnos en debates hirientes, con acusaciones vanas y agresiones homofóbicas, vivamos con una actitud impregnada del verdadero espíritu cristiano, recordando siempre las enseñanzas de nuestro Salvador Jesucristo. Hay que comprender que, tanto algunos gobernantes y  legisladores que están a favor de la legalización de las uniones homosexuales, como algunos ciudadanos que propugnan por su derecho a la unión homosexual, o incluso ya viven de esa manera, son miembros de la Iglesia católica.

Nuestro compromiso con la verdad sólo dará frutos si está acompañado de la caridad: oremos unidos por nuestros gobernantes, para que Dios ilumine sus corazones e inteligencias y tomen una decisión apegada a la verdad y al bien común, así como por todos aquellos que buscan sinceramente hacer el bien y actuar con justicia.

Los Obispos, sobre todo, no pueden dejar de solicitar la colaboración de todos los teólogos católicos para que éstos, enseñando lo que la Iglesia enseña y profundizando con sus reflexiones el significado auténtico de la sexualidad humana y del matrimonio cristiano en el plan divino, como también de las virtudes que éste comporta, puedan ofrecer una válida ayuda en este campo específico de la actividad pastoral.

Particular atención deberán tener los Obispos en la selección de los ministros encargados de esta delicada tarea, de tal modo que éstos, por su fidelidad al Magisterio y por su elevado grado de madurez espiritual y sicológica, puedan prestar una ayuda efectiva a las personas homosexuales en la consecución de su bien integral. Estos ministros deberán rechazar las opiniones teológicas que son contrarias a la enseñanza de la Iglesia y que, por lo tanto, nos pueden servir de normas en el campo pastoral.

Será conveniente además promover programas apropiados de catequesis, fundados sobre la verdad concerniente a la sexualidad humana, en su relación con la vida de la familia, tal como es enseñada por la Iglesia. Tales programas, en efecto, suministran un óptimo contexto, dentro del cual se puede tratar también la cuestión de la homosexualidad.

Esta catequesis podrá ayudar asimismo a aquellas familias, en las que se encuentran personas homosexuales, a afrontar un problema que las toca tan profundamente.

Se deberá retirar todo apoyo a cualquier organización que busque subvertir la enseñanza de la Iglesia, que sea ambigua respecto a ella o que la descuide completamente. Un apoyo en este sentido, o aún su apariencia, puede dar origen a graves malentendidos.

El Señor Jesús ha dicho: « Vosotros conoceréis la verdad y la verdad os hará libres » (Jn 8, 32). La Escritura nos manda realizar la verdad en la caridad (cf. Ef 4, 15). Dios que es a la vez Verdad y Amor llama a la Iglesia a ponerse al servicio de todo hombre, mujer y niño con la solicitud pastoral del Señor misericordioso (Congregación para la Doctrina de la Fe: Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales no. 18).

 

 

Homilías del Domingo XXIV/C

Domingo XXIV/C (Lc15, 11-32)

El amor y la misericordia de Dios para el pecador

Miro al horizonte: veo tus brazos abiertos y un corazón de Padre queriendo atraerme con lazos de un amor infinito. Padre, perdóname, quiero recibir tu abrazo eterno.

Miro al horizonte: veo tus brazos abiertos y un corazón de Padre queriendo atraerme con lazos de un amor infinito.
Padre, perdóname, quiero recibir tu abrazo eterno.

La liturgia de este domingo viene a revitalizar el mensaje de este año de la misericordia: la misericordia de Dios es la idea común de las tres lecturas: en el Evangelio las tres parábolas son parábolas de la misericordia de Dios; la segunda nos dice que Jesús vino a salvar a los pecadores; el salmo es el salmo del hombre que se arrepiente y Dios que se complace en su conversión, y en la primera lectura, Dios se vale de la mediación de Moisés para perdonar al pueblo. Ahora nos detendremos en la parábola del Pare misericordioso.

Jesús en su predicación empleó con mucha frecuencia las parábolas. ¿Qué sentido tienen las parábolas? Explicar un misterio sobrenatural –de por sí inaccesible a nuestra inteligencia- a través de un suceso ordinario, que nos permite aproximarnos al misterio a través de esa imagen. Es importante no verlas como un mero “cuentito”, sino meternos en el misterio al que apuntan.

Uno de los capítulos más llenos de amor del Evangelio es el capítulo 15 de San Lucas, que hemos escuchado. Allí encontramos las parábolas de la misericordia: la oveja perdida, la dracma perdida y el hijo pródigo, que son ejemplos de la misericordia de Dios para con los hombres: el buen pastor que busca a la oveja perdida, dejando a las otras 99 en el redil hasta que encuentra a la centésima, que estaba extraviada. Aparece también la mujer que había perdido una moneda y barre incansablemente la casa hasta que la encuentra. Y se nos habla de un padre que acoge amorosamente al hijo ingrato y derrochador, a la vez que también muestra su confianza al hijo responsable que había permanecido junto a él.

“En estas parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y la misericordia… En estas parábolas, Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona. En ellas encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón” (Papa Francisco, Bula Misericordiae vultus, n. 9).

Con estas tres parábolas sobre la misericordia, Jesús quiere dejar bien establecido que Jesús ha venido a salvar, que su deseo es tener una fiesta por la salvación de sus hijos. Sobre todo quiere poner al descubierto el corazón tierno y amoroso de Dios. Estas tres parábolas tienen detalles hermosos, que pretenden subrayar la voluntad de misericordia, el deseo incontenible que tiene Dios de salvarnos. El pastor carga sobre sus hombros la oveja perdida, no la empuja golpeándola con la punta de su cayado. La mujer que enciende la lámpara, y que se afana incansablemente en buscar la moneda perdida, y que explota de alegría cuando termina su búsqueda. ¿Será verdad, Dios mío, que explotas de alegría cuando nos encuentras? ¿Será verdad que encendiste todas las luces para buscarnos? ¿Mi Dios, tú nos cargas sobre tus hombros? Señor, hazme entender que por mí haces fiesta.

Pero la que más se ha destacado siempre de las tres parábolas es la del hijo pródigo, y con razón, por la transparencia del amor, por la fuerza del dramatismo, y por la emoción dolida que surge en un padre que ve alejarse al hijo, y de un hijo que llega al extremo del fracaso. Y sobre todo destaca por el amor incondicional del Padre cuando vuelve a abrazar al hijo que se fue.

Lo primero que el Señor quiere inculcarnos es que alejarse de la casa del padre es caminar al fracaso. Una afirmación contundente, pero que es esencial: alejarse de Dios es arruinar la vida. La dignidad del hombre, sólo se salvaguarda en la casa del Padre. La felicidad que se pretende obtener lejos de Dios, termina siendo amargura y fracaso. El ser humano se realiza al calor de Dios, y se destruye cuando camina lejos de Dios. Con frecuencia se tiene (inconscientemente) la idea de que Dios hace la vida aburrida, y que para buscar la felicidad hay que liberarse de cada uno de los diez mandamientos. Se piensa que la felicidad se puede obtener cuando se borran de nuestro pensamiento las ideas religiosas. Se piensa que las orientaciones y las prácticas religiosas hacen la vida reprimida. Y que en la aventura del placer, en que uno rompe todos los esquemas de los “niños buenos”, es donde se encuentra la chispa de la vida, lo emocionante.

Otra enseñanza es que Dios vive impreso en nuestro corazón, su huella es imborrable (una chispa de su vida nos hizo vivir) y que no descansamos hasta que nos volvamos a El de todo corazón. San Agustín decía: “nos hiciste, Señor, para Ti, e inquieto está nuestro corazón hasta que no descanse en Ti”. Esto es lo que siente el hijo pródigo: una irresistible añoranza de Dios, de su Padre. Cuando ha pasado el torbellino de las aventuras que lo han tenido aturdido, cuando se ha disipado la niebla del placer, se siente sólo, tristemente sólo, necesitando el abrazo de su padre, su voz tranquilizadora. Cuando se sienta a pensar, en esa pocilga que es la descripción de su propia suciedad, siente una honda necesidad de llamar por su nombre a su Padre. Y este fuego interior lo va preparando para verse de nuevo con su Padre ¿cómo imaginaría este muchacho que sería ese encuentro? ¿Cómo soñaría con su padre, la última noche en la pocilga?

Padre, me declaro culpable, pido clemencia, perdón por mis pecados. Me acerco a ti con absoluta confianza porque sé que tú prefieres la penitencia a la muerte del pecador (cfr. Ez 33,11). Miro al horizonte: veo tus brazos abiertos y un corazón de Padre queriendo atraerme con lazos de un amor infinito. Padre, perdóname, quiero recibir tu abrazo eterno.

 

Homilía Domingo XXIII del TO

Domingo XXIII del TO/C

Preferir a Jesús por encima de todo

Preferir a Jesús por encima de todo

     Preferir a Jesús por encima de todo

Una de las cosas que separa al cristianismo de cualquier ideología es la adhesión a la persona de Jesucristo, prefiriéndola a cualquier otra criatura, incluso a la propia vida. Mientras los que siguen la doctrina de Aristóteles, Kant, Hegel, o cualquier otro pensador, la persona de éste no interesa, o interesa en la medida en que pueda ayudar a una mejor comprensión de sus propuestas, en el cristianismo la persona de Jesucristo es lo nuclear, la verdad, el camino, la vida (Cf Jn 14,6). Dios ha salido al encuentro del hombre para establecer una alianza con él. Dios busca un trato de corazón a corazón. Seguir a Jesús implica radicalidad. Jesús es un Señor incompatible con otros señores. El Señor, pues, formula tres exigencias para los que quieran seguirlo:

1ª Exigencia: “el que no me prefiera más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, a su propia vida, no puede ser discípulo mío” (Lc. 14, 26)

A primera vista parece ser una exigencia un poco oscura. Porque Dios mismo nos puso en el corazón el amor natural a los padres, a los hijos, a los seres queridos. Y todos sabemos y experimentamos de forma positiva o negativa cuán decisivo es el ambiente de la familia natural en el éxito o fracaso de la vida humana.

Pero Jesús no se pronuncia contra este natural amor familiar. Pone en claro el criterio, cuando se trata de jerarquizar el amor y sus exigencias: Dios está por encima de todo. Las exigencias más nobles del amor humano pasan al segundo plano, cuando Cristo se hace presente con sus exigencias.

San Beni­to, que había entendido este pasaje del Evangelio, propone “no an­teponer absolutamente nada al amor por Cristo”. En definitiva, el amor por Cristo no excluye los otros amores –familia, bienes, sí mismo- sino que los ordena. Solamente en Él cada genuino amor en­cuentra su fundamento y su apoyo y la gracia necesaria para ser vi­vido hasta el fondo. Por ejemplo, los esposos, en su amor, estarán subordinados y guiados por el amor que Cristo ha tenido hacia su esposa, la Iglesia.

También María y José tuvieron que experimentar esta contradicción. Fue cuando Jesús, a la edad de 12 años, por voluntad del Padre celestial se quedó en el templo, a pesar de ser buscado desesperadamente por sus padres.

2ª Exigencia: “Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío”.

Prueba de que amamos a Jesús es cargar con su cruz. Cargar la propia cruz no significa ir en busca de sufrimientos. Ni siquiera Jesús ha ido a buscarse su cruz; ha tomado sobre sí, en obediencia a la voluntad del Padre, la que los hombres le pusieron sobre sus espaldas y la ha transforma­do con su amor obediente de instrumento de suplicio en signo de redención y de gloria.

Jesús no ha venido a agrandar las cruces hu­manas sino, más bien, a darles un sentido a ellas. Tomás de Kempis ha dicho que “quien busca a Jesús sin la cruz, encontrará la cruz sin Jesús”; esto es, sin la fuerza para llevarla. “Si llevas voluntariamente la cruz, ella te llevará a ti y te conducirá al deseado fin, donde el sufrimiento ten­drá fin. Si la llevas a la fuerza, te creas un peso que te pesará siem­pre cada vez más. Si echas fuera una cruz, seguramente, encontra­rás otra y posiblemente más pesada… Cargar la cruz es amar a Dios sobre todo y hacer siempre su santa voluntad.

3ª Exigencia: “El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío”.

Para llegar al final, al Cielo, Dios nos dice cuál es el cálculo que tenemos que hacer: saber que tenemos que renunciar a todo. Él, que es “Todo”, quiere “todo”. Y lo quiere, porque sabe que eso que consideramos nosotros nuestro “todo” realmente no es “nada”.

Jesús no ilusiona, ni desilusiona a na­die; lo pide todo porque quiere darlo todo, porque es Dios; es más, ya lo ha dado todo: “Cristo nos amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave aroma” (Efesios 5, 2). Un día la Beata Ángela de Foligno, joven, be­lla, acomodada y viuda, meditaba sobre la pasión del Salvador en una iglesia, cuando, de improviso, sintió resonar en su mente con gran fuerza estas palabras: “¡No te he amado de broma!” Empezó a llo­rar porque de golpe se dio cuenta que su amor para con Jesús no había sido, hasta entonces, precisamente, más que “una broma”, en comparación con el de Cristo para con ella.

Pidámosle a la Virgen María que nos dé sabiduría y fuerza para seguir fielmente a su Hijo, por los caminos que Él quiere llevarnos. Y que Ella sea la gran estrella en nuestro caminar, tras de las huellas del Señor.

 

Homilía Domingo XXII del TO

Domingo XXII del TO/C

“El que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”.

“El que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”.

El Evangelio de Lucas (14, 1; 7-14) recuerda la enseñanza de Jesús en casa de uno de los fariseos que lo había invitado a comer, ante la gente que estaba observándole: al ver que los invitados elegían los primeros puestos, Jesús enseña las normas de la humildad, no sólo en la mesa, sino en toda la vida cristiana, advirtiendo: “El que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”.

Hoy nos centraremos en el tema de la Humildad. La humildad es esa virtud que nos lleva a reconocer lo que realmente somos.  Por eso Santa Teresa de Jesús decía que la humildad es andar en la verdad.  Es decir: la Humildad es vernos tal cual somos.  Es saber y reconocer lo que valemos ante Dios. 

Si me preguntas que es lo más esencial en la religión cristiana diré que es la humildad. San Agustín dice que si hay que escoger una palabra para designar la vida espiritual sería el amor; si dos, sería el amor y la humildad. Son dos conceptos que caracterizan nuestra vida en Cristo. Por esto, nuestro meta, según san Pablo es tener en nosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús, ‘el cual siendo de condición divina (….) se humilló a sí mismo hasta la muerte y muerte de Cruz’ (Fil. 2, 5-11)

Somos cristianos, y para no serlo sólo de fachada, hemos de centrar nuestra vida cotidiana en el modelo supremo de humildad: El Verbo eterno del Padre, quien se hace criatura, sin dejar de ser Dios,… no toma como presa el querer ser igual a Dios… Una vez en su condición de hombre, llega a ser el hombre más humillado. Pero Dios lo exaltó…el itinerario de humillación que recorre Jesús es la fuente de su exaltación. Este es el camino de la exaltación del mismo Dios: humillación-exaltación: “El que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”.

Dios, el eterno, poderoso…, ha querido abajarse hasta su criatura: el Todo baja a la nada. Dios ha querido este proyecto por amor al hombre. El AT dice que la alegría de Dios es estar con los hombres. Dios goza haciéndose hombre. Dios se goza en la humildad: derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes…Ha mirado la humillación de su esclava. María vive en un pueblo escondido, en la pobreza y oculto de todos.

En la humildad María es Modelo y Madre: en María la Escritura destaca su humildad: ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava…por eso me llamarán buenaventura…; Dios es alabado y honrado en la humildad de María. La clave de la vida de María es ser humilde: a la humilde…la hace excelsa, porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava. Porque es humilde la hace máximamente capaz de Dios. María es esclava de Dios…, hágase en mí según tu Palabra. Cuando María dice hágase, Dios actúa. La humildad de María es causa de la encarnación.

ELEMENTOS ESENCIALES DE LA HUMILDAD

1ª.) La humildad hace al hombre capaz de Dios: La humildad es la disposición para recibir la gracia. Es fundamento de todas las virtudes. En la teología clásica hay dos virtudes que son fundamento: Santa Catalina de Siena oraba así: Oh bondad sobre toda bondad…nos diste a tu Hijo que somos hedor y tinieblas…Nos amaste y te encarnaste para redimir al hombre.

2ª.) La humildad lleva al conocimiento propio, es decir, a andar en la verdad. Santa Teresa se pregunta: ¿Por qué es Jesús tan amigo de la humildad?, porque Dios es suma verdad, y la humildad es andar en la verdad. La humildad es andar en la verdad, porque Dios es la verdad. Que Dios es la Verdad significa que yo debo descubrir la verdad sobre mí y vivir de acuerdo a la verdad. La verdad sobre uno mismo significa no tener cosa buena de nosotros, sino “miseria y ser nada”. Significa reconocer que se es nada delante de Dios: soy la nada frente al todo.

3ª.) La humildad a juzgar con rectitud. La soberbia traspasa la regla de la recta razón, creyéndose más de lo que se es. La humildad no es exageración, es la recta razón porque es la verdad, adecuación entre el ser y la realidad, entre lo que se piensa y el objeto. El conocimiento propio lleva al conocimiento del propio pecado, de todo el mal que hay en el corazón. Santa Teresa de los Andes dice: soy una nada criminal, que se vuelve contra su Dios, con el pecado.

4ª.) La humildad me lleva al conocimiento de lo que Dios hace en mí. Santa Teresita dice: Me parece que si una florcilla pudiera hablar, diría lo que Dios ha hecho por ella, y nunca negaría los dones de Dios, negarlo no sería humildad.

5ª.) La Humildad lleva a la audacia. La combinación de la humildad y la audacia son la clave de la santidad. El reconocimiento de la miseria lleva a los santos a ser sumamente audaces, a hacer mucho.

6ª.) La humildad lleva a la contrición y a beneficiarnos de la misericordia de Dios. Hemos hablado de la nada, de la propia miseria y la conciencia de los pecados, que hacen que seamos menos que nada ante Dios. La conciencia de pecado crece ante el amor a Dios, que hace valorar las miserias ante su amor.

Ayúdanos, Virgen de Nazaret, a ser dóciles a la obra del Espíritu Santo, como lo fuiste tú. Ayúdanos a ser cada vez más humildes, discípulos enamorados de tu Hijo Jesús. Amén.